lunes 7 de febrero de 2011

Cuentos de lo extraño


A pesar de ser considerado por muchos como uno de los escritores de terror más interesantes de la segunda mitad del siglo XX, el británico Robert Aickman permanecía prácticamente inédito en España. Quizá con la intención de hacer bueno el dicho de más vale tarde que nunca, la editorial Atalanta acaba de sacar al mercado Cuentos de lo extraño, recopilación de ocho relatos publicados originalmente entre los años 1951 y 1968. Se trata de textos para leer sin premura, recreándose en las atmósferas que el autor construye con maestría; textos inquietantes, sugerentes, cercanos a lo onírico; recomendables, en definitiva, para quienes buscan una alternativa a los caminos por los que discurre el género hoy en día.

lunes 31 de enero de 2011

Recomendación: Himes



Chester Himes es uno de los grandes de la novela negra. Entre sus personajes más carismáticos, Ataúd y Sepulturero, detectives que tienen en el neoyorquino barrio de Harlem su particular campo de acción. Ambos protagonizan los títulos recuperados durante los últimos meses en formato bolsillo por la editorial Akal: Por amor a Imabelle, La banda de los musulmanes, El extraño asesinato y El gran sueño de oro. Buena ocasión para acercarse a la obra de un autor vinculado en cierto modo con España, pues Himes vivió en la provincia de Alicante alrededor de quince años.

domingo 30 de enero de 2011

Los sueños y las circunstancias


Yo quería ser jugador de fútbol, domador de leones y piloto y todas esas cosas que quieren ser los niños.

¿Piloto de qué?

Piloto de lo que sea, ¡cojones!, piloto de lanchas rápidas o de bombarderos.

¿Qué te separó de tu sueño?

Dios, el presidente de los Estados Unidos, la KGB, qué va a ser, todo lo demás.

¿Qué es todo lo demás?

Por un lado está lo que uno quiere y por otro lado está todo lo demás, y cuando digo todo me refiero a todo.

¿Y ahora qué quieres ser?

Jugador de fútbol, domador de leones, piloto...

Pensé que tus sueños se habrían adaptado a las circunstancias a estas alturas.

Los sueños que se adaptan a las circunstancias no son sueños, se llaman anuncios y los utilizan para fastidiarte las películas.

¿Qué sabes de tu hermano?

Que no está mejor que yo, su búnker siempre ha sido peor que el mío, tiene al enemigo dentro. En la misma guerra no todos mueren al mismo tiempo.


Ray Loriga, Héroes

sábado 29 de enero de 2011

Programa doble .3.

Escalofrío (Bill Paxton, 2001)


Rara vez oigo mencionar esta película cuando se elaboran listas con las mejores producciones de terror de los últimos años, probablemente por la nula repercusión que tuvo en el momento de su estreno (además de no ser el típico filme que suelan repetir con frecuencia en televisión). Como apunte curioso, yo la descubrí gracias a Stephen King, que hablaba maravillas de ella en una entrevista. A estas alturas, resulta arriesgado aventurarse con las recomendaciones del autor de Carrie o It, pues su nombre aparece asociado como reclamo publicitario a multitud de obras literarias y cinematográficas (de calidad más que dudosa en ocasiones), pero debo reconocer que no se equivocaba con respecto a Escalofrío. Tiene momentos perturbadores, y sólo una pega, el final anticlimático, que da una vuelta de tuerca innecesaria a la historia. Por cierto, trata de un padre viudo (Bill Paxton, que también ejerce de director) convencido de que, con la ayuda de sus hijos, debe cumplir un mandato de naturaleza divina: exterminar a los demonios que pueblan su pequeña comunidad.

El efecto dominó (David Koepp, 1996)


David Koepp, prestigioso guionista (Atrapado por su pasado, Parque Jurásico, Misión: Imposible), dirigió en 1996 esta película protagonizada por Kyle MacLachlan, Elisabeth Shue y Dermot Mulroney. Un apagón prolongado desencadena un escenario casi apocalíptico en el que un matrimonio y su hija de corta edad deben sobrevivir. Pero, a la vista de este argumento, que nadie piense que estamos ante otra muestra de cine de catástrofes al estilo Roland Emmerich (Indepence Day, 2012), El efecto dominó se inclina más hacia el drama, poniendo el foco de atención en los personajes y sus conflictos. Incluso Koepp coquetea con el género de las road-movies durante la segunda parte del metraje. Es precisamente en ese tramo final cuando la historia pierde algo de fuerza, de ahí que algunos resuman con la expresión "una buena idea desaprovechada" su consideración del filme. A pesar de ello, valorando la película de forma global, no me parece mala opción para completar la sesión continua de hoy.

jueves 27 de enero de 2011

Ya llegan

Ya llegan.

Ya llegan en sus coches y en sus camiones, dejando atrás, en el aire puro de la noche, unas columnas de humo azul que parecen manchas en el alma. Ya llegan con sus mujeres e hijos, con sus amantes y novias, hablando de cosechas, de animales y de viajes futuros, de la campana de la iglesia y de la catequesis de los domingos, de trajes de boda y del nombre que les pondrán a los niños que aún no han nacido, de quién dijo esto y quién lo otro, cosas todas ellas insignificantes y a la vez grandiosas que constituyen el sustento de un millar de pueblecitos que no se diferencian en nada del suyo.

Ya llegan con comida y bebidas, y la boca se les hace agua con el olor a pollo frito y a tartas recién horneadas. Ya llegan con las uñas sucias y con aliento a cerveza. Ya llegan con camisas planchadas y vestidos estampados, con el pelo peinado o revuelto. Ya llegan con alegría en el corazón, con sentimientos de venganza y con una excitación que se les enrosca en las entrañas igual que si fuera una serpiente.

Ya llegan para ver cómo arde un hombre.

John Connolly, El camino blanco

[Traducción: Silvia Barbero]

jueves 20 de enero de 2011

Programa doble .2.

The Faculty (Robert Rodriguez, 1998)


Dirigida por el tejano Robert Rodriguez, esta película no alcanzó el éxito comercial esperado, desaprovechando incluso el reclamo de contar con un guión firmado por Kevin Williamson, hombre de moda en Hollywood en el momento de su estreno gracias a Scream y Sé lo que hicisteis el último verano. The Faculty comparte con esos títulos el hecho de que la acción transcurre en un ambiente estudiantil, pero se aleja del terror para convertirse en un homenaje a los clásicos de la ciencia-ficción (La invasión de los ladrones de cuerpos, su referencia más evidente). A pesar de un desenlace previsible, merece la pena por la incorrección política que destila su argumento (los protagonistas emplean un arma singular para combatir la amenaza extraterrestre) y por algún detalle freak de Rodriguez, como la presentación de los personajes principales, al más puro estilo Sergio Leone.

Curso 1999 (Mark L. Lester, 1990)


Hablando de aulas revueltas, Curso 1999 es la otra propuesta para completar esta sesión continua. Película dirigida por Mark L. Lester y protagonizada, entre otros, por Malcom McDowell y la antigua estrella del cine blaxploitation Pam Grier. La vida académica no se ve alterada, en esta ocasión, por la presencia de alienígenas entre el profesorado, sino de criaturas cibernéticas que buscan meter en cintura a los alumnos más problemáticos. Claro que el remedio resulta peor que la enfermedad, y el conflicto entre unos y otros acaba en batalla de tintes épicos, destrucción de la escuela incluida.

martes 18 de enero de 2011

La amabilidad del bisturí


Creo en la amabilidad del bisturí, en la geometría sin límites de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la locuacidad de los planetas, en la redundancia de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y el aburrimiento del átomo.

Creo en la luz que arrojan las videograbadoras en las vidrieras de las grandes tiendas, en la agudeza de las parrillas de los radiadores en los salones de venta de automóviles, en la elegancia de las manchas de aceite sobre las barquillas de los motores de los 747 estacionados en las pistas de los aeropuertos.

Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente.

J. G. Ballard, En qué creo (fragmento).

[Traducción: Claudia Kozak]

[Nota: El célebre credo de Ballard, del que procede el texto, fue publicado en diversas revistas. The atrocity exhibition, libro al que hace referencia la imagen que acompaña esta entrada, no lo incluye.]